La Tejedora de
coronas
Al entrarse la noche, los relámpagos
comenzaron a zigzaguear sobre el mar, las gentes devotas se persignaron ante el
rebramido bronco del trueno, una ráfaga de agua salada, levantada por el
viento, obligo a cerrar las ventanas que daban hacia occidente; quienes Vivian
cerca de la playa vieron el negro horizonte desgarrarse en globos de fuego, en
culebrinas o en hilos de luz que eran como súbitas y siniestras grietas en una
superficie de bruñido azabache, así que, de juro, mar adentro había tormenta y
pensé que, para tomar el baño aquella noche, el quinto el sexto del día, sería
mejor llevar camisola al meterme en la bañadera pues ir desnuda era un reto al
señor y un rayo podía muy bien partir en dos la casa, pero tendría que volver
al cierto, en el otro extremo del pasillo, para sacarla del ropero, y dios
sabia lo molondra que era.
De suerte me arriesgue y desceñí las
vestiduras, un tanto complicadas según la usanza de aquellos años, y quede
desnuda frente al espejo de marco dorado que reflejo mi cuerpo y turbación, un
espejo alto, biselado, ante cuyo inverso universo, no pude evitar la
contemplación lenta de mi desnudo, mi joven desnudo aun floreciente, del cual
ahora, sin embargo, no conseguía enorgullecerme como antes
Cuando pensaba que la belleza era
garantía de felicidad aunque los mayores se inclinaran a considerarla un
peligro no conseguía enorgullecerme porque lo sabía, no ya manchado, sino
invadido por una costra, costra larvada en mi piel, que en los muslos y en el
vientre se hacía llaga infamante, para purificarme de la cual sería mi alma,
jamás vi tanta belleza en una persona y jamás la admiraba tanto, cuando veía
cada parte de mi cuerpo reflejada en un espejo sentía como el viento y el agua
se fusionaban en mi ser, no quería dejar de contemplarme hasta que volví a la
realidad y me pensé que la vida es solo
una para estar mirando mis fallas es mejor mirar mis virtudes me vestí contemple
esa vista que tenía desde mi ventana esa vista de mar arena y noche y esa
tormenta hacia que reflexionara sobre todo lo que vivía y que la belleza no lo
es todo en ese momento desplome en un profundo sueño del cual pensé que jamás
despertaría y hace pase la noche escuchando el viento de las olas y como el mar
me hablaba al oído
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