martes, 7 de abril de 2015

La Tejedora De Coronas

La Tejedora de coronas



Al entrarse la noche, los relámpagos comenzaron a zigzaguear sobre el mar, las gentes devotas se persignaron ante el rebramido bronco del trueno, una ráfaga de agua salada, levantada por el viento, obligo a cerrar las ventanas que daban hacia occidente; quienes Vivian cerca de la playa vieron el negro horizonte desgarrarse en globos de fuego, en culebrinas o en hilos de luz que eran como súbitas y siniestras grietas en una superficie de bruñido azabache, así que, de juro, mar adentro había tormenta y pensé que, para tomar el baño aquella noche, el quinto el sexto del día, sería mejor llevar camisola al meterme en la bañadera pues ir desnuda era un reto al señor y un rayo podía muy bien partir en dos la casa, pero tendría que volver al cierto, en el otro extremo del pasillo, para sacarla del ropero, y dios sabia lo molondra que era.

De suerte me arriesgue y desceñí las vestiduras, un tanto complicadas según la usanza de aquellos años, y quede desnuda frente al espejo de marco dorado que reflejo mi cuerpo y turbación, un espejo alto, biselado, ante cuyo inverso universo, no pude evitar la contemplación lenta de mi desnudo, mi joven desnudo aun floreciente, del cual ahora, sin embargo, no conseguía enorgullecerme como antes


Cuando pensaba que la belleza era garantía de felicidad aunque los mayores se inclinaran a considerarla un peligro no conseguía enorgullecerme porque lo sabía, no ya manchado, sino invadido por una costra, costra larvada en mi piel, que en los muslos y en el vientre se hacía llaga infamante, para purificarme de la cual sería mi alma, jamás vi tanta belleza en una persona y jamás la admiraba tanto, cuando veía cada parte de mi cuerpo reflejada en un espejo sentía como el viento y el agua se fusionaban en mi ser, no quería dejar de contemplarme hasta que volví a la realidad  y me pensé que la vida es solo una para estar mirando mis fallas es mejor mirar mis virtudes me vestí contemple esa vista que tenía desde mi ventana esa vista de mar arena y noche y esa tormenta hacia que reflexionara sobre todo lo que vivía y que la belleza no lo es todo en ese momento desplome en un profundo sueño del cual pensé que jamás despertaría y hace pase la noche escuchando el viento de las olas y como el mar me hablaba al oído

No hay comentarios:

Publicar un comentario